OPORTUNIDADES PERDIDAS POR LOS HABITANTES DE ESTA ZONA,
EL ESPACIO APROVECHADO POR OTROS,
Y CÓMO IMPEDIR EL DESARROLLO SIENDO ESPECTADORES.
Desde el año 1995
Estas tierras fueron “descubiertas” y puestas en valor por aquellos que no habitaban la región, y nosotros aprendimos a ver con otros ojos cada curso de agua, cada montaña, cada árbol, cada paisaje. Entendimos que precio no es lo mismo que valor, y comenzamos a usar sus vocablos, repitiendo las bondades de cada uno de nuestros lugares.
Las charlas de café se centraban en la última información de ventas, los precios, el mercado, los extranjeros que venían por los recursos naturales, se analizaba el futuro de los precios comparados con Europa y Estados Unidos, etc. etc..… Pero nadie aquí estaba dispuesto a convalidar esos precios “de locos”.
Mucha gente inexperta, con la esperanza de “salvarse” con una comisión inmobiliaria, recalentó el mercado tentando a propietarios e vender a sus “conocidos” a precios aún más altos. Hacia fines del año 1999 el mercado se tornó caótico, sin precios de referencia, sin techo, y las primeras reventas de tierras comenzaron a hacerse realidad con ganancias que triplicaban como mínimo las inversiones originales. Nadie de aquí iba a convalidar los precios y mucho menos comprar a uno que estaba revendiendo.
Pero inversores de otras zonas siguieron comprando al precio “pedido”.
Con la crisis de los años 2001 y 2002, las propiedades urbanas perdieron hasta un 50 % de su valor; pero las propiedades rurales con las características mencionadas, luego de unos meses de estabilidad, continuaron con su tendencia a la alza. Los más informados o más arraigados a la tierra, subieron los precios más y más “para no equivocarse”…y los “de afuera” aceptaron nuevamente ese mayor precio.
La valoración subjetiva que hace un inversor que llega a esta zona, es muy difícil de mensurar, ya que cada uno, en determinado momento, tomará una decisión en función de lo que considera único, destacable, que será más escaso en el futuro, más caro y quizás difícil de alcanzar.
Llegaron luego los emprendedores y desarrolladores a hacer importantes inversiones, con el objeto de agregarle valor con proyectos de fraccionamientos, mayores servicios, buscando llegar a aquellos que por el monto de las inversiones ya les era imposible comprar superficies grandes; pero sí podrían comprar una superficie menor, más infraestructura, y un monto de inversión accesible.
Los lugareños comenzaron a molestarse por lo que llamaron “negociados inmobiliarios”, y se comenzó a impedir o poner trabas a todo lo que viniera de afuera. Como no fuimos capaces de planificar nuestro desarrollo, se dijo que NO, a todo lo que no sabíamos cómo resolver o imaginar en beneficio de todos. El resultado fue que muchas inversiones se fueron a otras zonas de
Los lugareños nunca ingresaron a este mercado, en ninguna de las etapas mencionadas, y fueron espectadores de las oportunidades aprovechadas desde afuera.
El negocio inmobiliario es una actividad multiplicadora, generadora de recursos y trabajo, que entendida como tal y acompañada con una planificación a largo plazo, puede permitirnos vivir dignamente en armonía con el medio.
Estoy convencido que aún tenemos oportunidades y que podemos tomar decisiones que impactarán mañana positivamente. Lo importante es entender y aceptar la realidad de lo que ha sucedido en los últimos 14 años. Solo de esta manera podremos tomar decisiones correctas entre los inversores locales y el estado municipal o provincial.
Estamos en un momento de crisis global, y hay mucha gente tratando de resolver sus problemas. No tienen el tiempo ni la posibilidad de ver el potencial de nuestra zona. Por lo tanto, es el momento de trabajar en el análisis y planificación de un futuro diferente, transformando lo potencial, en una oportunidad real. La pregunta es si seremos actores o espectadores, si queremos participar del desarrollo o esperaremos que vengan de afuera, si estamos dispuestos a pensar y planear nuestro futuro o lo dejamos librado al azar.
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